COLOMBIA ARDE, SUS MUJERES DE FURIA.


BELÉN LÓPEZ NARANJO.


Colombia, el país del sol, del éxito musical y de las avenidas coloridas. El país que te acoge con calor y que fue asolado por el temor, por el dolor en las calles, y por la unión de un pueblo que se puso en pie para luchar. Fueron varias las semanas en que las RRSS se llenaron de contenido que generaba inquietud y miedo. Miedo al futuro. Miedo a un cambio. Miedo a avanzar.


El sonido de Colombia fue el del temor y la incertidumbre. En las calles de algunas ciudades se escuchaban disparos que retumban en la oscuridad, carreras y gritos.


El pasado 28 de abril fue un día que ha marcado la historia. Día en el que entró en ebullición la sociedad colombiana. Han sido muchos los cambios y las reformas que el pueblo de Colombia llevaba aguantado. “Más de 20 muertos, 87 desaparecidos y más de 800 heridos desde que las protestas arrancaron el pasado 28 de abril en Bogotá” “El presidente Duque llama al diálogo para resolver la crisis en Colombia” “Los rostros jóvenes del descontento”. Titulares llenos de sensacionalismo que no son mirados con lupa. El problema del pueblo iba mucho más allá de aquellos titulares. Las calles colombianas fueron testigos de las brutales palizas que recibieron miles de jóvenes por luchar contra el paro nacional. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea condenaron la brutalidad policial y pidieron que los responsables de estos graves actos respondiesen por los mismos. El uso excesivo de la fuerza policial fue la marca de guerra que se apreciaba en el rostro de miles de jóvenes colombianos.

Desde que comenzó la pandemia el año pasado, el 42,5% de los colombianos vive en extrema pobreza, siendo la población joven una de las más afectadas, ya que los habitantes del rango de edad entre los 14-28 años no estudia ni trabaja. Muchos de ellos tienen que elegir entre comer e ir a la universidad. Hay mucha falta de oportunidades en un país como Colombia y por eso, muchos de ellos se ven obligados a emigrar.


La gota que colmó el vaso fue la reforma de Iván Duque, el presidente de la derecha, que observó y pretendió que fuese factible una reforma tributaria que consistiese en institucionalizar la renta básica y crear un fondo para la conservación ambiental. El aumento de los impuestos en productos básicos como el agua, la electricidad, el gas, la gasolina o los servicios funerarios en plena crisis sanitaria por el Covid-19, en la que muchas personas han perdido su trabajo e incluso los ahorros, en un país donde el salario mínimo es de 194 euros. Y, considerando, también, que durante la pandemia y el confinamiento no ha habido renta básica ni salarios mínimos para todos aquellos desempleados a causa de la misma, ocasionó un “hervidero que solamente acaba de explotar”.



Más de 21 millones de colombianos viven bajo el umbral de la pobreza. 12 millones de ellos actualmente no pueden comer ni siquiera 3 veces al día, siendo los más afectados los jóvenes y las mujeres.





Ahora imaginemos. Podríamos ser nosotros perfectamente los que no podemos comer. Podríamos ser nosotros los que tienen que decidir entre ir a la universidad o traer comida a su familia. Allí las universidades no son públicas. Los estudiantes no reciben ayudas y muchos de ellos tienen que elegir entre comer o estudiar. Ahora ponte en su lugar, ¿qué harías?


“Nosotros, los jóvenes, somos los que estamos sufriendo esta crisis, las oportunidades que tenemos son mínimas y muchos se ven obligados a irse al extranjero a ganarse la vida”, Jennifer Pedraza es una de las muchas líderes estudiantes que salió a marchar en las calles de Colombia. Ella es la representante estudiantil en ACREES, la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior:En el contexto del paro nacional en Colombia ha sido muy marcado el protagonismo de la juventud y sobre todo de las mujeres ya que son las que más lo sufren, siendo un 31% de mujeres las que lo están viviendo primera persona”. En los ojos de Jennifer vemos la rabia y las ganas de luchar por su país, ella afirma que no desistirá hasta que no vea una reforma y la lucha de clases termine.


La fiscalía ha señalado que en los meses de enero y febrero han recibido más de 14.700 denuncias por violencia intrafamiliar, debido a la cuarentena, ya que el riesgo de ser agredidas viviendo con el agresor en casa aumenta. Varias organizaciones feministas llamaron al gobierno para que decretara estado de emergencia por feminicidio, a lo que se respondió con un sonoro silencio.


La propuesta de la subida de IVA en los alimentos de consumo básico, el llamado de emergencia ante la fiscalía debido a la cantidad de feminicidios que se han dado a lo largo del año, gente pasando hambruna y calamidades, han sido las consecuencias y el punto de inflexión para que los colombianos salieran a las calles por un futuro mejor y más estable.


Hemos tenido la oportunidad de charlar con Tatiana Buelvas, cofundadora de la fundación Sheis y estudiante del doctorado de Estudios de Género y Comunicación para el Cambio Social. Actualmente reside en Madrid, pero también está viviendo en primera persona todo lo que está pasando en su tierra natal y en su ciudad, Cartagena de Indias: “Nada se soluciona con violencia. Es importante quejarse y alzar la voz, pero no con violencia. No se puede solucionar todo quemando contenedores y ardiendo las calles, hay que sentarse a hablar y llegar al diálogo”, nos cuenta Tatiana con voz firme. La cruda realidad no se soluciona a base de golpes, se necesita pacifismo y una conversación para poder poner fin a muchos problemas, pero vivimos en un mundo donde en las redes sociales vemos un ambiente candente y cargado de odio todo en el que la desinformación forma parte del gran elenco.


En un mundo donde las redes sociales están al alcance de todo y de todos, las fake news abundan en ellas. Tatiana cuenta cómo no hay que meter en el “mismo saco” a todas las fuerzas policiales. “No todos son radicales, la ESMAD es la que ha estado involucrada en asesinatos a sangre fría y las Marchas Verdes son los policías a pie, que te piden documentación no actúan con violencia”. Es por eso que “hay que tener un filtro” como indica Tatiana, para saber quien está marchando prendiendo fuego y quien lo hace de forma pacífica y no englobar a todas las fuerzas policiales en el mismo barco.


El quid de estas manifestaciones está siendo la crisis ocasionada por la COVID 19, en Colombia hay una gran informalidad laboral y la tasa de desempleo juvenil está por encima del 23%. La pobreza y el desempleo en este último año ha aumentado de forma muy rápida. En un país donde se siembra incertidumbre y hay caos de por medio debido a las situación causada por la crisis humanitaria, la gota que ha colmado el vaso ha sido las reformas tributarias, que han causado un escenario social lleno de violencia y llenando las calles de violencia extrema y vandalismo.


Al otro lado del charco siempre nos llega información tergiversada, alguna no es del todo creíble y, como siempre, hay datos que son falsos: “En el día 18 de paro nacional veíamos ya en todas las jornadas un uso excesivo de la fuerza pública sobre todo en las protestas”. Jennifer Pedraza estuvo desde el primer día marchando en las calles y ha visto cómo a muchos jóvenes les han propinado palizas. “En Colombia las protestas pacíficas son un derecho CONSTITUCIONAL Y FUNDAMENTAL, pero se ha visto este derecho vulnerado y violado, ya que la decisión del gobierno ha sido reprimir sin cumplir ningún tipo de protocolo”, asegura Jennifer Pedraza.



NO SOMOS NINGÚN BOTÍN DE GUERRA


“Ya hay más de 2.000 denuncias por violencia policial y 16 por violencia sexual de la fuerza pública”. Entre los meses de enero y marzo, se han producido 158 feminicidios en Colombia. Nosotras seguimos gritando nuestros derechos, pero ellos siguen queriendo callarlos, y si no, matarnos. 2021 y aún no podemos salir solas a la calle. Ni si quiera a marchar. Un papel con el nombre y el tipo de sangre en el bolsillo para pasarle a alguien que esté cerca por si la policía las detiene y luego desaparecen. Esta es la nueva estrategia que muchas chicas colombianas llevan a cabo para que puedan volver a saber de ellas.


Laura Páez, miembro de la ONG Lazos de Dignidad decidió repartir entre las mujeres colombianas de la marcha el texto “Cuidémonos mientras luchamos”, una guía para saber qué hacer ante el acoso policial durante las protestas. Tenemos que tendernos la mano para poder seguir adelante y si tiene que ser con un manual, así será.


Según la ONG Temblores, que documenta el abuso de autoridad, se han registrado, 21 hechos de violencia sexual por parte de la fuerza pública durante las protestas en Colombia. “Si así son las marchantes, qué rico echarle gases” han sido las palabras que varios miembros de la ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) ha utilizado pa referirse a una joven de 18 años que se vió acorralada por 15 miembros policiales, los cuales comenzaron a referirse a ella con palabras obscenas. La chica consiguió escapar, pero Diana Díaz no tuvo la misma suerte.


Diana Díaz, el 30 de abril marchaba en Cali (la ciudad que más ha sufrido la represión policial durante estas protestas) cuando el grupo con el que iba quedó dividido tras una brutal carga con gases lacrimógenos. Las mujeres, según su relato publicado en Facebook, fueron separadas de los hombres por la policía. “En ese momento se acercó uno del Esmad (un policía del Escuadrón Móvil Antidisturbios) y abusó de mí en presencia de todos sus compañeros, incluida una mujer”.


“En contra de mi voluntad me manoseó y metió su mano en mi zona íntima”, escribió. Su reacción fue gritar, agarrar su teléfono y empezar a grabar. “Si no quiere que nada le pase por qué no se queda en su casa”, “si no le gusta para qué viene a las marchas”, cuenta en su relato que le decía el agente.


"Nos ven como un botín, como un cuerpo al que no apuntan a matar, que apuntan a dejar mella y marca”. Todas ellas al marchar se sienten indefensas, por eso Temblores tuvo que lanzar esta iniciativa: un manual de supervivencia. “Pedimos que entre los grupos de mujeres envíen a algún contacto que no esté en las marchas la ubicación real, pero no siempre funciona. Entonces la recomendación es qué hacer después y esto es denunciar, buscar alguna organización de derechos humanos, no quedarse calladas”, este fue el mensaje que dejo en sus redes sociales la ONG con el fin de que hiciese eco en todas las mujeres que salen a marchar.


“La reforma sanitaria y tributaria por la que hoy estamos luchando para que sea denegada no han sido escrita por plumas colombianas, si no recomendadas por otras organizaciones internacionales y que no responde a las necesidades de la población colombiana”, asegura Jennifer Pedraza. Nos cuenta cómo Colombia vive a la sombra de los países norteamericanos y cómo no tiene voz propia. “Tan solo se copian las leyes dictadas por otras voces, pero ninguno de ellos les pregunta al pueblo colombiano qué es lo que necesitan”. Incluso ella misma se vio afectada por diversos sectores, recibiendo mensajes cargados de odio y de intimidaciones, pero consiguieron callarla, publicando en su cuenta de Twitter el mensaje: ¡A PARAR PARA AVANZAR!


Los negocios y servicios públicos continúan casi cerrados. Las carreteras aún están cortadas y hay pueblos y ciudades a los que no se puede entrar. El paro nacional sigue en las calles de Colombia y seguirá hasta que haya una solución factible. Los perjudicados siempre son los mismos, pero la mujer en estos caso sigue siendo el motín de guerra. Y nosotras ya nos hemos cansado de que no se nos respete. El "no" sigue siendo "no", de noche, de día e, incluso, en las marchas.


Desde el otro lado del charco, Tatiana Buelvas sigue luchando por la reforma de su país y pide reflexionar al gobierno por lo que ocurrido. Jennifer Pedraza sigue marchando todos los días y su voz sigue creciendo. Nosotras a 8033 kilómetros también seguimos gritando. Haremos eco todas juntas, porque hoy no hay barreras ni fronteras.