La causa de las mujeres: Colonización, revolución y olvido. Mujer y afgana. (I)

Historia de la opresión: mujer y afgana. (I.I)


El abandono a Afganistán es flagrante, inaudito, deleznable. No es un abandono sólo político o jurídico, que también. Es un abandono humanitario, moral y de diagnóstico: misógino. Necesito recordar que las mujeres que provenimos de países del “Maghreb y Oriente Medio ” estamos acostumbradas a que se menosprecie nuestra libertad y se postergue nuestra lucha. Siempre hay otra causa más importante que la nuestra. Durante un largo periodo de tiempo fue la colonización. Lastró años de lucha de revolución feminista que se traspapeló entre otras causas. Para combatirla nos pidieron a las mujeres que saliésemos a las calles por la liberación de nuestros países. Bueno, a mi no me lo pidieron, menos mal, se lo pidieron a mis antecesoras.


Sin embargo ese trauma social corre por mis venas y no puedo evitarlo. Mi madre nació poco después de la declaración de la independencia de Marruecos, en una ciudad que estuvo bajo el mandato de tres países. Mi abuela era extranjera en su propio país hasta la declaración de la independencia, cuando ella tenía 17 años.


Mi bisabuelo paterno por otro lado, murió en la Guerra Civil española. ¿Cómo? Obligado a alistarse a la “Guardia Mora” como los 100.000 hombres de entre 16 y 50 años que reclutó Franco. Él fue de los 20.000 que perdieron la vida en las trincheras. Por si no os había quedado clara la fragmentación política y el dolor que un fascista produjo más allá de las fronteras de la península. Aquí tenéis una muestra. Me he preguntado más de una vez cuál hubiera sido el resultado de la guerra sin esos 100.000 soldados que no luchaban por nada, pero lucharon hasta el final. Mejor me ahorro mi beligerante opinión.

Pero para reencauzar por qué siempre somos el segundo plano de las miserias de los conflictos. Mi bisabuela se quedó sola, teniendo a su cargo a niños a los que no podía alimentar, dado que el patriarcado sólo la había educado para ser madre y esposa. La ayuda que Franco daba a las viudas de los soldados, llegó 5 años más tarde. Por eso, mi abuelo, el hermano mayor tuvo que empezar a trabajar con 12 años en Orán, Argelia, en las obras, de lo que fuese. Para alimentar a su madre y a sus hermanos.

Tras el declive de Orán a principios de los años 60, mi abuelo, para entonces estaba casado con mi abuela y decidió migrar a Francia para seguir trabajando en la obra, seguir colocando ladrillos, e intentar lograr un futuro digno para sus hijos.


Mi tía, hermana de mi padre, fue la primera de toda su familia en ir a la Universidad, en Paris. Estudió Historia del Ante, todo un logro para ser la hija de una familia de 12 hermanos cuyos padres no habían podido ni acabar estudios de primaria.


Con esto quiero decir, no hay nada más lejos de la libertad que pensar que somos hijas de magnates millonarios las que revindicamos la justicia social en todos los contextos en los que vivimos.

Soy bisnieta de un hombre al que obligaron a suicidarse en una guerra que no era la suya, nieta de un hombre maltratado en las obras de Orán que le arrancaron la infancia de cuajo, e hija de un hombre que creció en un país que le llamaba “pieds noir”, una Francia que tras destrozar su país de origen le discriminó abiertamente.


Mi historia no es posible de desvincular de la de la colonización. Es una mochila que traspasa generaciones. Sé de mis ancestros hombres y de sus firmes convicciones sobre la liberación de sus territorios. Pero también sé que en todas esas historias, las mujeres estuvieron sufriendo en silencio, a la sombra, criando hijos, aceptando situaciones angustiosas y tolerando lo intolerable. Las mujeres llamadas a luchar por la liberación de los países, una vez superado el lastre , y lograda la expulsión de los países ocupantes volvieron a pasar a un segundo plano.

Lo que nos ocurrió a lo largo de la historia de nuestro países es que caímos en que no era la liberación de toda la población, era la liberación de unos cuantos. Estos victoriosos soldados de la libertad, se acabaron convirtiendo en los nuevos opresores, primero de los más desfavorecidos, segundo del desarrollo , y en tercer lugar de la mitad de la población del mismo país: las mujeres.

No pretendo ser simplista, pero recomiendo un paseo por la historia de nuestros países. Revisando el discurso la conclusión es clara: “siempre tendréis tiempo para vuestras revindiciaciones”.

Cuando la colonización dejó de ser el pretexto, esta fue sustituida por la corrupción. “Dejadnos luchar contra los corruptos que por su culpa ellos vosotras sois precarias, malvivís y no tenéis trabajo, luego os ayudaremos a ser libres y a conseguir Derechos”. Cuando el discurso de la corrupción caducó y nos volvimos hacia ellos para preguntarles cuál era la alternativa a la corrupción, nos dimos cuenta que nosotras no cabíamos en la alternativa. La alternativa nos había borrado a nosotras de todos los planes.

Las religiosidades tóxicas, políticas y hostiles empezaron a sacar sus cartas. Abierta discriminación entre hombres y mujeres. Nuestra respuesta ante su misoginia perpetuada y agravada por el respaldo religioso no les gustó. Y como todo totalitarismo recurrieron a las herramientas viejas: “Podéis respirar y decidir qué plato de comida váis a cocinar par vuestros maridos, ¿qué queréis más? ¿os creéis europeas? Os han comido la cabeza, estáis occidentalizadas, queréis que los extranjeros os aplaudan. Sois unas renegadas de vuestra cultura, de vuestra religión.”

Hoy en día ese discurso está transportado a Europa. Lo escuchamos y lo padecemos día sí y día también las que plantamos cara a nuestros patriarcados de origen, y a las comunidades que lo promueven fuera del país en cuestión.


Construir WomenByWomen.


Creé Women`s Rights by Women`s fight hace un año exactamente. No fue muy premeditado, pero tampoco fue un acto de inconsciencia. Simplemente empecé a darme cuenta los meses pasados a su creación, de que llevaba años pasando por filtros de hombres (con excepciones claro), que en el mundo del periodismo lejos de ayudarme a mejorar como escritora, me censuraban como feminista. “No hables de las marroquíes así”, “tampoco es que las saudíes estén tan mal si lo comparas con las iraníes” , “que las tunecinas agradezcan tener lo que tienen”. Afortunadamente los hombres periodistas con los que actualmente trabajo, son de una calidad humana excepcional a parte de profesionales que acompañan este proyecto con una mirada de empatía necesaria.

Cuando empecé a vislumbrar WomenbyWomen como una posibilidad quería lograr un punto de encuentro real entre el periodismo y las mujeres. No quería llamar a ninguna puerta, empezando porque casi todas estaban cerradas con doble pestillo a causa de la pandemia. Me di cuenta de que quizás, teníamos como mujeres que “dejar de pedir” a hombres que avalasen nuestro trabajo y comenzar a construir un espacio nuestro donde no hubiese filtros que prejuzgasen nuestra historia o nuestros escritos.

En ese hartazgo construí esta revista, plataforma y proyecto de vida. Tenía 22 años, estaba en una habitación mal calentada en Coruña, y a mi plan desenfrenado se unieron mujeres que confiaban en mí. Todo empezó gracias a ellas. Me prestaron su apoyo, me tendieron la mano para caminar juntas y me explicaron no sólo que no era la única “ilusa”, porque ellas estaban dispuestas a navegar en ese barco sin cuerdas, ni veleta, ni alas. Así empezó todo. Hoy, un año y cuatro días más tarde con mucho esfuerzo, trabajo y dedicación, tramitamos los asilos/solicitudes de evacuación de mujeres afganas periodistas, activistas y artistas, así como pretendemos que logren comunicar sus historias a través de la revista. Un año y cuatro días más tarde somos conscientes de la importancia de persistir e insistir para que las mujeres tengan la voz que merecen en este mundo.


Derecho a ser refugiada con a.


Ahora mismo, trabajamos con la primera generación de mujeres que tienen de entre 25 y 35 años, que nacieron durante la Guerra Civil en Afganistán, con las que crecieron bajo el régimen Talibán y las que asistieron a la ocupación de EE.UU trás el 11S. Tienen voz para contaros sus historias, esto no es más que una pincelada de la complejidad que supone su situación. Víctimas de todas las causas para las que siempre fueron las "segundonas". En materia legal es imprescindible contar cuáles son las carencias que impiden que puedan acogerse a la condición de refugiadas por su revindicación de igualdad laboral, académica o en calidad de activistas.


Las mujeres afganas, las argelinas, las iraníes, las libias, las egipcias, son víctimas claras de las historias de los dictadores que "reinaron" en sus países, así como también del extremismo religioso. Los Ayatollah después de la revolución Iraní en la que se encarceló a las mujeres pro-laicidad, practicando el matrimonio por horas chií, los islamistas que asesinaban a mujeres por no llevar velo en Argelia, los soldados del DAESH esclavizando sexualmente a mujeres yazidíes y kurdas. Todas las muejeres han víctimas de revoluciones. Jamás, hombres, varones, se molestaron en contruir un status-quo que implicase la liberación de las mujeres. Y si pensábamos que la política exterior o el Derecho Internacional podían ser una baza de liberación, nos equivocamos en cierta medida.


En la definición de “refugiado/a”, (Artículo 1, sección A2 de la Convención de Ginebra), se prevén las siguientes condiciones: “raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas”. La Convención de Ginebra data de 1951 y no se ha revisado desde entonces. No se ha dado la modificación necesaria alguna para la posterioridad: este texto no hace referencia a la discriminación en base al sexo, que es la base de la persecución y opresión de la que parten las violencias que se ejercen sobre las mujeres afganas en el actual marco político. Descubrirlo ha sido un antes y un después para entender la situación de estas mujeres como posibles solicitantes de asilo.


En muchos casos las condiciones se solapan, y las mujeres cumplen además con otras condiciones como la pertenencia a una minoría religiosa. Sin embargo, no se puede permitir la omisión del motivo real de discriminación: el sexo con el que nacen las perseguidas y el rol de género que se les asigna desde la cuna.


Esto no significa que todas las mujeres de Afganistán deban ser evacuadas, sino que debe existir una perspectiva práctica y real que recoja el factor de que, por ser mujeres, muchas están condenadas de por vida. El Derecho Internacional tiene que centrar la mirada en esta situación urgente, y el debate público y social sobre el abandono a lo largo de todos estos años por parte del mismo es imprescindible.

El documento más representativo sobre la posibilidad a una interpretación con perspectiva de género es el que recoge las denominadas “Directrices sobre la protección internacional: La persecución por motivos de género en el contexto del artículo 1A(2) de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de Refugiados, y/o su Protocolo de 1967”, elaborado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) en 2002.


Este documento, es el que hemos usado con el fin de poder elaborar las solicitudes de evacuación, sin embargo tenemos una sensación de carencia constante. Por eso le comentaba a Laura Iruarrizaga, abogada de WomenbyWomen, compañera feminista y amiga: “Tengo la sensación de que andamos conscientemente con el zapato equivocado”, a lo que Laura me contesta “ Lo único que podemos hacer ahora es intentar llegar al final del camino, porque como no usemos cualquier zapato que tengamos a tiempo, pronto no habrá pie que introducir en él .”


Es doloroso vernos en una situación de insuficiencia legal, teniendo que hacer uso de principios en los que no creemos porque la ley no nos permite hacerlo de otra manera.


Estas directrices que propone Acnur y que no son de obligado cumplimiento, tal y como se reconoce en el propio documento, intentan abarcar las problemáticas que sufren las mujeres. Desde los matrimonios forzosos, pasando por la mutilación genital femenina, hasta el impedimento de las mujeres de ganarse la vida y de tener acceso a la educación. Sin embargo no son un mandato vinculante para los países, es decir: los países no tienen la obligación de actuar en consonancia a las mismas.


En el proceso de intentar justificar legalmente la necesidad de evacuación de las mujeres que habían sido activistas, periodistas y defensoras de los derechos de las mujeres, me topé con el apartado “Opinión política” en el punto 32 de las directrices, que cito textualmente: “Podría incluir cualquier opinión con respecto a las funciones de género y al comportamiento inconformista que lleva al agente de persecución a atribuir una opinión determinada a la persona”.


Es decir, el posicionamiento de reclamo de libertades que habrían hecho las mujeres afganas los años anteriores, convirtiéndose en profesionales y luchando por ser iguales, y que es lo que ahora las condena ante el sistema talibán, no se concibe como una manifestación de derechos humanos que se realiza en representación de la mitad de la población de un país y en contra de su discriminación histórica, económica, social y visceral, sino como una “opinión pólítica”. Como si la dignidad y la libertad en su esencia más transparente no fuesen algo intrínseco al hecho de nacer humanas.

Entre las directrices de Acnur destaca el punto 29 del apartado “Grupo Social”, que explica lo que significa el concepto que lo titula y a continuación dice: “El sexo puede ser subsumido en la categoría de ‘grupo social’, siendo las mujeres un claro ejemplo del subgrupo social definido por características innatas e inmutables, y que por lo general recibe un trato diferenciado al de los hombres. Sus características también las identifican como grupo ante la sociedad, la cual las somete a diferentes tratos y normas en algunos países”.


Deberíamos realmente revisar cuáles son los logros que como mujeres hemos dado por sentado que teníamos en materia jurídica. Y preguntarnos sobre qué ocurre a las mujeres migrantes, refugiadas, apátridas. ¿A caso no es importante hacer modificaciones legislativas que implican a las mujeres en las fronteras y en los territorios hostiles? ¿Son acaso menos importantes en derechos y oportunidades las que nacen en climas políticos inhóspitos para las mujeres? ¿ En qué momento comenzó este silencio culpable ante el hecho de que se nos trate como “grupo social” cuando somos más de la mitad de la población mundial?. Es imposible, desde mi perspectiva, construir una ética colectiva de transformación social con base feminista cuando se considera la mitad de la población mundial como “grupo social”.


Un camino sin hacer.


A menudo nos confunde el despampanante mundo del Derecho Internacional. Nos parece lejano, ajeno y auto-construido. No somos conscientes del impacto que han tenido las luchas individuales en él. Ni siquiera llegamos a plantearnos carencias básicas porque lo miramos por encima, y desde la superficialidad hay muchas cosas que no se pueden ver. Investigar sobre este tema nos ha hecho darnos cuenta como equipo y a título personal de que aun queda un largo camino para la igualdad real y efectiva en los diferentes marcos jurídicos: Internacional, europeo y nacional. Feminismo es reconocer la discriminación sexual y exigir mecanismos de compensación a la misma.

Estamos haciendo camino sobre la marcha. Aprendiendo a observar despacio, y a escribir con cuidado para contar la realidad. Para que trascienda y quede claro que no es de ilusas, ni de idealistas abogar por la construcción de un mundo más justo. La igualdad es una cuestión de justicia.

Por eso cuando me preguntan como lo hago, digo que lo hago con miedo, con mucho miedo, del que a veces te impide avanzar. Con la firme convicción de que denunciar la discriminación en sus diferentes facetas es crucial para el cambio.

Lo hago con miedo, y en equipo, porque cada vez más soy consciente del poder revolucionario que tienen un grupo de mujeres en la otra punta del mundo a la causa que revindican, cuando creen firmemente en la libertad y la igualdad.