LA VENTA DE LAS NIÑAS AFGANAS: EL ROBO DE LA INFANCIA

En los años 90 en Afganistán comenzó un mando impuesto por la extrema radicalización. Un mandato el cual se regía por unas normas coránicas inquebrantables. Unas normas que despojan de cualquier derecho a las personas y que además quiere que todo el pueblo las siga a pie juntillas y quien se salga del camino, puede cometer graves delitos. Delitos o castigos como condenas de humillación e incluso hasta la muerte, son algunas de las calumnias a las que se someten. Está radicalización política ha llevado a que a las mujeres se les despoje de todos los derechos básicos y fundamentales, como son el derecho a una vida digna, el derecho a la vida e incluso el derecho a la educación. Desde tiempos inmemoriales hasta ahora se han considerado como adornos para los hombres, pudiendo hacer con ellas lo que se les plazca. Esta situación lo único que agrava es la vida de miles de mujeres y niñas afganas, que a día de hoy, lo sigue sufriendo en primera persona. Hace años, cuando era pequeña, recuerdo ver y escuchar estas barbaridades y tenía la sensación de que todas estas historias no estaban pasando en ninguna parte del mundo. Creía que eran imágenes irreales que la televisión y las noticias inventaban para tener a la población de mujeres amedrentada. Pensaba que no estaba pasando en ese mismo instante en el que yo estaba en mi casa. 0 Era un pensamiento el cual yo consideraba fantasioso o incluso de otra época. Nunca imaginé que pudiera ser real. Supongo que nunca tuve la valentía de poder imaginar que alguien odiaba tanto a las mujeres. Veía siempre en las noticias a miles de mujeres, mujeres como mi madre, mis abuelas, mis tías o incluso yo misma. Mujeres con las cuales yo me identificaba. En ese instante yo pensaba, ¿cómo iba a odiarme alguien por ser una niña? Al cabo de los años, con la madurez y la investigación, comprendí que la situación fue aumentando, y con ello aumentó también la incomodidad. La incomodidad de sentir esta situación tan cerca de mí y que podía pasarme en algún momento. Estos pensamientos siempre fueron creciendo. Mi desasosiego aumentó. Por mi cabeza siempre rondaban las mismas preguntas: ¿por qué ellas? ¿Podría también pasarme a mí? ¿Es verdad que hay tantos hombres que odian a las mujeres? ¿Me odiaran a mi también por nacer mujer en un contexto islámico?, ¿algún día me pasara a mí? Hace tan solo un año esta historia volvió a repetirse. Cuando los talibanes volvieron a entrar en Afganistán y acto seguido las tropas militares dejaron a la población abandonada en manos del mal, mis miedos volvieron a aparecer con más intensidad. Ya no era una niña la que pensaba que todos estos actos eran de otro mundo y de otra época, ahora ya era una mujer y ya sabía lo que estaba pasando. No era nada irreal, ni fantasioso. Era un hecho que estaba calando en mi interior. Todas las mujeres afganas habían hecho un esfuerzo titánico en tiempo récord para deshacerse de tanto odio y prejuicio, ¿Qué iba a pasar con ellas? ¿Se vería todo su trabajo perjudicado y sería en vano y despreciado por considerarlo como malo, lujurioso y pecado? Todas sueñan con una vida donde se las valore, se estime y se las aprecie. Donde su vida se considere igual a la de todos y puedan tener los mismos derechos y oportunidades, sin diferencias entre unos u otros. Todas ellas sueñan con una vida donde no existan incongruencias morales que no te dejen ser la persona que eres. Sueñan también con el cambio de esta ideología que se rige por una religión fundamentalista que considera que ninguna niña son merecedoras de todos y cada uno de estos derechos por el simple hecho de ser futuras mujeres, futuras mujeres que se podrían negar en rotundo a las opresiones patriarcales del islamismo, que las considera simples objetos que pueden usar o vender a su antojo. ¡Qué locura les debe parecer a los talibanes que las mujeres tengan la valentía para poder revolucionarse contra el opresor y diluir una posible libertad de donde gocen de derechos humanos! ¡Qué locura! El régimen talibán sabe que los y las jóvenes afganos están plantándoles cara. Los jóvenes tienen una lucha constante en el mundo talibán, ya que en el momento en el que en las aulas aprenden a través de una educación libre de pensamientos religiosos y retrógrados, todo este fundamentalismo del que hablan el régimen talibán y que ellos quieren inculcarles no sirve para nada.Una educación que es necesaria para romper con todo pensamiento retrógrado y que ayude a abrir puertas para poder crear una sociedad de igualdad entre unos y otros. La razón, la lógica y las preguntas, han ganado la batalla. Preguntas que ni los propios talibanes saben responder puesto que no tienen ningún fundamento lógico en el que sostenerse. Solamente se basan en su misoginia impuesta desde hace más de miles de años y que a día de hoy sigue aún vigente. Por esta razón, uno de los primeros aspectos que intentaron aniquilar fue la educación en mujeres, una educación que a día de hoy muchas de estas mujeres se aferran a ella con uñas y dientes ya que es la única salida que tienen para poder seguir adelante. Saben cuales son las consecuencias de la falta de ésta en un mundo el cual les da la espalda y las odia por su sexo. Los derechos de las mujeres nunca han sido un tema razonable ni dialogante para el régimen talibán. Nos ven como simples objetos de satisfacción que Dios les dio. Un Dios que les dio derecho a poder hacer con la vida de una mujer lo que les plazca, el hombre es el que tiene la sabiduría y el mandato, ellos pueden decidir qué ser y qué hacer con la vida de una mujer, aun siendo mujeres adultas con las mismas capacidades que ellos. Su “Dios”, que no el mío, deja que estos monstruos lleven a este país, que se estaba volviendo a resurgir con unas ideas claras, se desmorone haciendo que la población se empobrezca y viva en la máxima miseria en poco tiempo, ya que la situación que viven las mujeres afganas en el país es grave, puesto que la salida del país en estos momentos está totalmente prohibida. LAS CONSECUENCIAS DE UNA VIDA SIN DERECHOS Toda esta aversión hacia las 0las mujeres lleva a situaciones repulsivas en las cuales se llega hasta a la venta de niñas de 9 años a hombres más mayores, que, obviamente, no las compran para darles una vida digna con todos sus derechos como niñas para que se puedan desarrollar y tener una educación laica y feminista, sino todo lo contrario, las compran para su diversión y disfrute, para que ellas sean objeto de burla y desigualdad estructural por el simple hecho de ser mujeres. Estas niñas son vendidas a pedófilos, los cuales van a utilizarlas como objetos, porque para ellos el sexo femenino es inferior y se aprovechan de la situación para torturarlas, deshumanizarlas, agredirlas y violarlas. Las niñas que sufren la venta de su infancia ya no podrán jugar nunca más. Ya no van a jugar a ser mayores porque han crecido de golpe. Niñas que han sido vendidas por sus propios padres a señores mayores. Y la afirmación que se suele escuchar es la de victimizar al padre, “pobres padres que tienen que vender a su hija para comer" pero nadie recuerda a la pobre niña, la cual un día su padre con tan solo 9 años de vida decidió venderla por comida, vendida como quien vende ganado. Sí, la vendió por una necesidad, pero la vendió como un objeto asegurando que tendrá una infancia traumática y una adultez, si consigue llegar, fría y repleta de rencor. Un rencor y un dolor inexplicables, los cuales te obligan a experimentar con únicamente 9 años, como tu padre cómo te vendió como una ofrenda la cual entregan y dejan que desaparezca, en manos de un pedófilo porque no tenían sustento alimenticio. ¿Qué tiene más valor, el alimento o la vida de su propia hija? Un alimento que, con el paso del tiempo, volverá a escasear, y ¿qué harán entonces? ¿venderá otra hija? ¿Elegirán las “víctimas” al azar? ¿La siguiente niña ya sabe que le espera en el momento que el dinero y la comida deje de llegar? ¿Cómo explica a sus hijas que las vende a un hombre por qué no hay comida? ¿Qué pasa con la vida de estas niñas después? ¿Quién se asegura que la niña a la que han vendido por comida va a comer? Mi pregunta más recurrente y la de muchas mujeres desde el otro lado del mundo es: ¿Por qué estas niñas no tienen el amparo de Occidente ante estas situaciones tan deshumanizadoras? ¿Por qué seguimos viendo como víctimas a los “pobres padres”? Los adultos a cargo no son las víctimas ya que ellos eligen vender a sus hijas o protegerlas de esta situación que todos saben como acaba. Estos mismos hombres que victimizamos, (sí, hombres porque son los padres lo que tiene la última palabra no las madres), son los culpables de seguir procrastinando esta situación inhumana tirando más leña al fuego dejando que perturbados se lleven de casa a niñas de 9 años para convertirlas en sus esposas. Este fanatismo reprocha cualquier figura femenina que se pueda considerar igual a ellos y que luche por sus derechos de igualdad de género en esta sociedad, ya que, para ellos, una mujer es el pecado en persona. Por tanto, ellos deben guiar y proteger(nos) para que no tienten a ningún hombre al pecado, un pecado que parece que, mágicamente, no pueden soportar y cometen por culpa de una mujer. Un pecado que son capaces de cometer y justificar aunque sea una niña de 9 años.