UCRANIA, RUSIA Y LA OTAN: LA NUEVA GUERRA FRÍA por LUCÍA DE CASTRO

Lucía de Castro

Hace un mes, saltaron las alarmas en el mundo entero, advirtiendo de un ataque inminente de Rusia a su país vecino, Ucrania, debido a la presencia de 100.000 soldados rusos en su territorio fronterizo. Estados Unidos y la OTAN rápidamente enviaron apoyo militar a Ucrania. Las relaciones entre Rusia y Ucrania son históricas, y no siempre conflictivas. Ucrania fue parte de la Rus de Kiev entre los siglos IX y XIII junto con Rusia y Bielorrusia, siendo el primer Estado de tribus eslavas. En la época moderna, Ucrania se dividía entre el Imperio de la Rusia zarista y el Imperio Astro-húngaro. Finalmente, aparece la República de Ucrania con la creación del estado soviético. Así, Ucrania no fue un país independiente de Rusia hasta la caída del socialismo en 1991. Con conexiones lingüísticas, culturales, sociales e históricas, Rusia y Ucrania se consideran pueblos hermanos y el mismo presidente Putin expresó que las hostilidades entre ellos son una tragedia creada por fuerzas externas. Divide y vencerás. El conflicto entre Rusia y Ucrania está presente desde 2013, cuando el presidente ucraniano rechazó un acuerdo comercial con la Unión Europea, ya que implicaba la entrada de empresas europeas en su territorio, siendo mucho más competitivas que las nacionales. Además, el presidente quería enfocarse a la entrada en la Unión Económica Euroasiática, formada por Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia y Kirguistán. El rechazo de este acuerdo provocó protestas entre grupos nacionalistas que querían estrechar relaciones con Europa, y grupos prorrusos. Entre los nacionalistas surgieron movimientos neofascistas que, apoyados por occidente, dieron un golpe de estado y cambiaron el gobierno centrado en las buenas relaciones con Rusia por otro más europeísta. Putin vio en este momento el riesgo real de que Ucrania se acercase más a la influencia de Europa y tomó la decisión de anexionar la península de Crimea, un enclave geoestratégico que históricamente perteneció a Rusia y que ahora proporciona salida al mar Mediterráneo. Cabe plantearse que, si Rusia hubiera querido más territorios ucranianos, los habría tomado con Crimea. Sin embargo, el aumento inusual de militares rusos en la frontera sugiere una posible invasión debido a que Ucrania tiene la invitación de la OTAN para unirse a la alianza militar y los intereses en política exterior de Rusia son frenar la expansión de la OTAN en su área de influencia, el espacio exsoviético, pero surgen dudas respecto a si este motivo es razón suficiente para un ataque. Más que una entrada militar en Ucrania, Rusia podría reconocer la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, que forman Donbass y están en guerra desde 2014, cuando la mayoría de la población ruso parlante y vinculada culturalmente a Rusia, se opuso al golpe de estado y se autoproclamaron independientes con el apoyo de Rusia. Ahora, el Kremlin presiona con reconocer la independencia de estas regiones separatistas para que el gobierno de Ucrania cumpla con los acuerdos de Minsk, que implican el cese de fuego por ambas partes. Cabe la posibilidad de que Rusia acabe interviniendo en Donbass para defender a los prorrusos, pero en principio, no hay los suficientes intereses como para una intervención más allá del reconocimiento diplomático. Por su parte, el presidente ucraniano Zelensky, ha pedido que no se hable de una posible invasión, ya que ello pone en peligro su economía y expresó que el mayor reto para el país es el desorden social interno, más que Rusia. Este conflicto va más allá de Ucrania y en el fondo se encuentran las tensiones entre Rusia y la OTAN. En 1990, Estados Unidos y otros países occidentales aseguraron a Rusia que no avanzarían hacia el este. Sin embargo, unos años más tarde en 1999, Hungría, Polonia y la República Checa se unieron y en 2004 entraron Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumanía y las repúblicas bálticas. Cuatro años después, Ucrania y Georgia recibieron la invitación. Es fácil entender la humillación internacional hacia Rusia que supone el hecho de que países que fueron sus aliados, ahora tengan misiles de la OTAN apuntando a Moscú. El Kremlin ha asegurado que el refuerzo militar en la frontera no es para invadir Ucrania, sino para proteger su propio territorio de la OTAN. Como han recordado, esta alianza ha llevado a cabo numerosas intervenciones ilegales e ilegítimas en el Derecho Internacional, como las invasiones en Libia o Iraq. Las falsas promesas de la OTAN a Rusia y su historial de ataques hace que sea una amenaza para su seguridad nacional. Rusia ha advertido que su paciencia con occidente se ha agotado, y que no tolerarán más que se siga relegando a Rusia un rol secundario en la sociedad internacional, a pesar de ser una potencia global. Ha exigido a la OTAN salirse de Europa del Este, lo que Estados Unidos ha calificado de inaceptable. El viceministro de Exteriores de Rusia declaró que responderán a las políticas contra Rusia de la OTAN. Esto implica una nueva guerra fría entre Rusia y occidente, pero no necesariamente un conflicto militar en Ucrania. La situación es que ahora, el Mar Negro es una zona de armas desplegadas y un error podría ser el desencadenante de una nueva guerra en Europa. Por eso, es importante avanzar en los caminos diplomáticos más que militares. Para mantener la paz y seguridad internacional a corto plazo, Ucrania debería ser considerado un país neutral militarmente, sin alianzas o bases militares extranjeras en su territorio, como Finlandia, Austria o Suecia, que son otros estados no alienados. En cualquier caso, la Unión Europea debería comenzar a plantear el desarrollo de su propia política de seguridad en lugar de asumir los intereses de Estados Unidos, puesto que muchas veces, son diferentes. Rusia y Europa se necesitan mutuamente para hacer frente a los retos comunes que presenta nuestro tiempo, y esta es la línea que se debería priorizar.